Automovilismo: “Cuidar los Símbolos”… por Víctor Michat


 

Nacimos con ellos. Son parte de nuestra vida, nuestro aprendizaje, evolución, creación y práctica de métodos o elementos, todo nos conduce a través de símbolos. La síntesis de significados que ejercitan nuestra semiótica y dan direccionalidad a nuestro paso en la tierra. Letras, palabras, números, cifras, señales, avisos, referencias, proyecciones, evocaciones. La existencia y su desarrollo van apegados a ellos. Son tan naturales, que resulta pueril su análisis.

Yannantuoni y Werner

Somos inventores de símbolos, a la par de hazañas o logros que rezuman en la instantaneidad de su característica. Verlos o percibirlos, es saber de qué va la cosa. Preanuncian, no solo en nuestro consciente; sino que subyacen en lo profundo del inconsciente; al punto de desconocer su origen y desenvolvernos con la forma más racional posible, que nos acerque a la inalcanzable y pretendida perfección.

Símbolizan Unidad de Potencia HP

Cuando las personalidades o movimientos sociales destacados pasan a ser símbolos, respetarlos, es no mancillar su historia. No se puede romper con lo que representan por nuevas circunstancias coyunturales. Nuestra sociedad varía muchas veces, a partir de los mensajes que estereotipan intereses de emisores. Pero el cauce del rio sustantivo, va impregnado del ADN de la raza, que con prueba y error, corrige hacia ese devenir latente pronunciado, a veces tratando de ignorarlo, pero que con la fuerza de los hechos, terminan siendo finalmente, la razón unívoca de la especie.

Ulises Armellini con 2 victorias seguidas de su Equipo DTA las adjudica a Scalabroni

En automovilismo los símbolos se resguardan siempre. Porque ellos marcan el éxito o el fracaso. Está en juego la vida misma. Pueden ser signos de dirección, potencia, torsión, procedimientos, los de la práctica misma. Sin son pilotos o desarrolladores los símbolos, su raíz, experiencia y logros son valorables como ejemplos. Tal como la trayectoria irrefutable de una curva, el tiempo da la razón por la velocidad alcanzada. No hay duda que somos lo que hacemos y significamos lo que producimos!

El Peugeot 408 del DTA conducido por el Patito Yannantuoni

Cuantas veces oímos decir “la humildad de los grandes”. Desde el silencio y lejos de los medios, se realizan los grandes detalles que combinados marcan las diferencias. El deportista con su concentración y trabajo, fortalece su reacción a las demandas de los elementos y desafíos. La competencia es primero, uno contra sí mismo, para luego superar las expectativas y sobreponerlas al resto de competidores.

Mensurar el trabajo constante y silencioso; si el éxito no lo corona, parece perdido, pero no es óbice para dejar de hacerlo.

Enrique Scalabroni de Alta Gracia al mundo de la Fórmula Uno

En la constancia superadora de este axioma, Ulises Armellini construyó un cometido: Desarrollo Técnico Argentino su Equipo DTA. No conforme con 2 títulos conseguidos junto a Peugeot y Néstor Girolami como conductor del esfuerzo, buscó re significar esa labor alejada de laureles, buscando el mejoramiento de elementos (“limando segundos”) y fue en busca de un símbolo de la innovación proyectual del automovilismo autóctono y consideración internacional, contratando a Enrique Scalabroni. En un acto de desprendimiento, valorable desde la humildad de un laburante, adjudica sus últimas victorias, al célebre Ingeniero cordobés. Por cierto, destacar la importante colaboración del poco mediático y mejor tester del equipo; el implacable Fabian Yannantuoni, victorioso inapelable en Mendoza, logrando una diferencia del resto de los corredores, de otra época.

Berta presentó su libro

Cerramos con otro símbolo que nos conduce a su trascendencia permanente. Transformó a Alta Gracia (tierra adoptiva), en meca del automovilismo nacional: El “Mago” Oreste Berta presentó por fin su libro Motores, Autos y Sueños. Grandísimo autodidacta, ingenioso de proyección internacional, mentor de los mejores ingenieros de relevancia actual, engrandece al país, allende gobiernos de turno que dificultan el desarrollo verdadero (también a él le ocurrió) y frenan un destino de innovación tecnológica e industrial, que pareciera tenérsenos prohibido, el de una nación potencia de individuos genuinos y creadores, que no consiguen aunarse en pos del bienestar común.

Oreste Berta junto a Marincovich y Pairetti

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