Grandes usuarios del sector eléctrico reclaman mayor competitividad


La Asociación de Grandes Usuarios de Energía Eléctrica le transmitió al ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren, su “preocupación por los altos costos” de ese insumo básico, “tanto en el corto como en el mediano plazo”.

Las empresas que suman el 70% de la demanda de los grandes usuarios de energía eléctrica del país le transmitieron al ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren, su “preocupación por los altos costos” de ese insumo básico, “tanto en el corto como en el mediano plazo”.

 
La Asociación de Grandes Usuarios de Energía Eléctrica (Agueera) requirió “apuntar a la previsibilidad de precios y suministro, con costos competitivos para la industria” ya que a través de los números de 2016 se advierten diferencias que explican una dificultad estructural para la competitividad argentina en el costo de la energía de uso industrial.

 
El documento presentado a Aranguren advierte que los precios de la energía eléctrica “son entre un 30% y un 80% mayores en la Argentina versus otros países”, y señala que “la diferencia de costos se nota tanto en la generación como en transporte y distribución”.

 
Agueera nuclea a 70 grupos empresarios que operan en el país en todos los rubros fabriles, agropecuarios y de servicios, entre ellos: YPF, Acíndar, Aeropuertos Argentina 2000, Aluar, Arcor, Bunge, Cencosud, Loma Negra, Mercedes Benz, Minera La Alumbrera, Pampa Energía, Papel Prensa, Peugeot Citroën, Profértil, Shell, Siderar, Telefónica y Unilever.

Según el documento de la asociación que firma su vicepresidente, Eduardo Beloqui (directivo de Siderca), en la categoría industrial de alta tensión el precio del megawatt hora (Mwh) fue de US$ 75 en 2016, sin considerar la incidencia de los impuestos.

 
Ese valor se confronta con los US$ 42 cobrados a los grandes usuarios de energía eléctrica en Alemania; US$ 49 en Río Grande do Sul y US$ 48 en San Pablo, Brasil; US$ 50 en Illinois y US$ 55 en Pensilvania, Estados Unidos; US$ 50 en México; US$ 58 en Rumania; y US$ 57 en Turquía.

 
Agueera comprueba una brecha similar al realizar la comparación para los usuarios fabriles de media tensión, que pagan en promedio US$ 104 dólares el Mwh en la Argentina, frente a US$ 80 en Alemania; US$ 61 en Colombia; US$ 60 en México; y US$ 71 en Rumania y Turquía.

 
En este cotejo, sin embargo, Brasil supera los valores locales con US$ 110 y US$ 107 el Mwh, respectivamente, en Río Grande do Sul y San Pablo.

 
Según hace notar el relevamiento de Agueera, la situación real en media tensión muestra una gran disparidad en el costo para los grandes usuarios industriales argentinos, que va desde US$ 94 hasta US$ 150 dólares el Mwh, según el nivel del peaje aplicado por cada distribuidora.

 
Los casos extremos son los de la platense Edelap, que cobra US$ 74 (por encima del costo de la electricidad); EPE de Santa Fe, entre US$ 56 y US$ 58 dólares; EDES, en el sur bonaerense, US$ 53; EDEN, en el norte de la provincia, US$ 49; y EPEC, de Córdoba, US$ 48 dólares. Los peajes más bajos van desde US$ 15 hasta US$ 19 por Mwh y son los aplicados por la distribuidora de San Juan, Edesur; Electricidad de Misiones y Edersa, de Río Negro.

 
Para corregir la situación Agueera pidió a la cartera de Energía y Minería que se revisen “los costos de peaje en las distintas provincias”.
El análisis de la asociación incluyó, en su informe reservado enviado al Ministerio de Energía, otro conjunto de sugerencias de acciones para promover una baja en los costos de la energía eléctrica.
Se propone por ejemplo “no consumir fuel oil en el verano”, de manera de reducir en US$ 4 a US$ 5 dólares el costo del Mwh; y del mismo modo, “no aplicar impuestos al gas oil importado”, lo que redundaría en un ahorro de US$ 3 dólares.
Los grandes usuarios de energía eléctrica pidieron además “no aplicar nuevos cargos a la demanda”, como los vigentes para energías renovables o eficiencia energética, y los fondos Foder y Fodis.
Agueera propició ante el ministro Aranguren, por último, “tender a disminuir el consumo de combustibles líquidos” y reemplazarlos por gas o hidroelectricidad, y “crear incentivos a la eficiencia y uso racional de la energía (fomento, no penalidades)”.

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