Cómo producir más carne en el NOA


 

El especialista Juan Elizalde propone estrategias para mejorar la eficiencia, en una región donde se requiere el doble de materia seca por kilo de carne que en el centro del país. Otro reto es el maíz barato: ¿oportunidad o amenaza para la producción de animales más pesados?

El Ing. Agr. Juan Elizalde brindó una charla en la Jornada Ganadería y Compromiso del IPCVA, realizada recientemente en Tucumán, en la que analizó cómo juegan el aprovechamiento de las pasturas megatérmicas y la disponibilidad de maíz barato frente a terneros caros en el noroeste del país, región deficitaria en carne para consumo local y con alto potencial para la exportación. El especialista sintetizó para los lectores de Valor Carne los principales desafíos para producir más, mejorando el resultado económico de las empresas.

La raíz del problema

En la actividad ganadera hay que adaptarse a los recursos forrajeros disponibles y, como consecuencia, al clima. En el NOA, las pasturas producen todo el forraje del año, en sólo seis meses, ya que las lluvias se inician en noviembre y finalizan en abril-mayo. Por lo tanto, lo requerido para la alimentación invernal se debe diferir desde el verano hacia esa estación. Esta transferencia de un forraje florecido y semillado ocasiona pérdidas en cantidad y sobre todo en calidad, al permanecer en pie por más de seis meses, deteriorándose la eficiencia de conversión de materia seca en carne.

En concreto, se precisan, en promedio, 80 kg de materia seca para producir un kilo de carne en el ciclo completo vacuno. En la región pampeana, en cambio, donde los forrajes se producen y consumen a medida que crecen durante todo el año, ese parámetro baja a 44 kg de materia seca por kilo producido, es decir aproximadamente a la mitad. Esto marca la necesidad de diseñar estrategias que permitan maximizar el aprovechamiento de las megatérmicas, tanto cuando crecen como en el diferido invernal.

Para comerte mejor

Pastoreo de gatton panic diferido.

El consumo de un forraje seco y deficiente en nutrientes puede mejorarse incluyendo una amplia gama de suplementos proteicos, en otoño-invierno-primavera, hasta que comience el rebrote de las pasturas, tras el inicio de las lluvias. Se debe estudiar el agregado de algunos aditivos, que permiten mejorar la digestión y el aprovechamiento de estos forrajes diferidos tales como probióticos, ionóforos, algunos minerales deficientes, etc.

Otra opción es consumir todo el forraje en el momento en que crece, de noviembre a abril, lo cual implica utilizar corrales de recría durante el invierno.

Gatton panic en crecimiento.

Hay experiencias de casi 15 años con este tipo de sistemas, que llevan adelante varias empresas del NOA, asesoradas por nuestro estudio Elizalde & Riffel.

Estos corrales de recría, sustituyen al diferido en el invierno y permiten regular la ganancia de peso durante esa estación. De esta forma, se puede ajustar la carga de las pasturas, pasando de 1,5 cabezas/ha en primavera (porque se necesitaba diferir forrajes hacia el invierno) a 4 cabezas/ ha, consumiendo todo el pasto en el período de gran crecimiento. Esta diferencia de manejo hace que el margen bruto de la recría pase de 70 u$s/ha, teniendo que diferir forraje, a 300 u$s/ha, cuando se consume todo el forraje verde y con la máxima calidad.

A su vez, la terminación a corral de estos animales ya recriados, una vez terminado el período de crecimiento forrajero estival, posibilita mejorar el margen de 77 a 112 u$s/ha, en el caso de recría con diferido; y de 300 a 569 u$s/ha, en el sistema con corral de recría.

En síntesis, a mayor margen bruto en la recría, mayor margen en la terminación. Es decir que la mejor utilización del forraje en la recría permite, además, mejorar el resultado de la utilización del maíz muy barato de la región.

La amenaza del maíz barato

Como ya se dijo, el grano económico del NOA puede ser una ventaja si se inserta en la terminación de los animales recriados. Pero también puede representar un riesgo implícito para aumentar la producción de carne.

Esto se debe al elevado precio del ternero en la región y al menor poder de compra del productor derivado de los bajos valores de la agricultura. Si la compra del ternero se debe sustentar con las cosechas regionales, la relación soja/ternero, por ejemplo, es la más alta del país (soja barata y ternero caro).

Este escenario, puede complicar el proceso de recría y estimular el engorde directo de terneros, produciendo animales livianos en un plazo muy corto (120 días), cuya financiación es más factible. En este caso, si bien se transforma el maíz barato en carne, la producción por animal baja, en lugar de subir.

Como conclusión, el vender gordos livianos (de 320 kg), del mismo peso con que el animal recriado debiera entrar al corral de engorde para terminarse más pesado, no sólo afecta los resultados de las empresas, sino que es contraproducente para aumentar la producción de carne, algo que la región y el país necesitan.

Por Ing. Agr. Juan. Elizalde, Ph.D.

www.elizalderiffel.com.ar

 

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