Selección agronómica de la cubierta del invernadero


La importancia en la selección de la cubierta del invernadero tiene aspectos mecánicos o de construcción, sobre todo para la colocación, pero lo más importante son las propiedades del mismo y su impacto en el desarrollo del cultivo.

La diversidad de posibilidades que actualmente se encuentra en el mercado, obedece sobre todo a la gran diversidad de climas en los que actualmente se cultiva en ambientes protegidos o semiprotegidos. Evolutivamente ha pasado de las cubiertas rígidas como el vidrio o policarbonato, por cubiertas flexibles como el polietileno de diferentes densidades o la malla, como se dijo en función de las condiciones climáticas regionales y sobre todo el valor de la producción.

Las cubiertas actuales pueden ser: vidrio, polietileno de baja y alta densidad, mallas de diferentes mesh (hilos por pulgada cuadrada), policarbonato, polivinilo. Independientemente del tipo de cubierta que se coloque, es necesario tomar en cuenta las siguientes consideraciones en la selección del material que va a usar para cubrir su cultivo.

 

Consideraciones climáticas

Es posible que, desde el punto de vista agronómico, este sea el principal factor que se debe considerar, debido a que constituye la base de la fotosíntesis, que es el proceso más importante sobre la tierra, mediante el cual organismos primarios son capaces de generar su propio alimento. La planta necesita tres formas de fertilización: hídrica, gaseosa y mineral. El agua es el primer nutriente, junto con el dióxido de carbono; en presencia de energía, se produce la fotosíntesis, es decir, la producción de materia seca.

Cuando se habla de energía, esta puede ser referida a la energía radiante que viene del sol, la cual ha sido caracterizada por su longitud de onda. La longitud de onda que interesa es la llamada luz visible, la fotosintéticamente activa y el infrarrojo.

La Radiación Fotosintéticamente activa (PAR en inglés), es la que necesita la planta para sus funciones metabólicas por lo que es básico que la cubierta deje pasar este tipo de radiación, normalmente coincide con la visible, y oscila entre los 400 y 700 nanómetros (un nanómetro es una medida de longitud; en este caso longitud de onda de radiación del sol)

La otra frecuencia importante que la cubierta debe dejar pasar es el infrarrojo, que es la longitud de onda que permite “calentar” el invernadero. Normalmente esta longitud oscila después del visible (700 nanómetros) y supera los 50 000 nanómetros. Se clasifica en cercano (700-3000 nm), medio (3000-50000 nm) y lejano (50 000-100000 nm). El cercano y lejano es usado todavía para la fotosíntesis y en fechas actuales se está usando para la obtención de propiedades organolépticas específicas de cultivos, como el tomate. Después del medio, el Infrarrojo Lejano, es también llamado térmico, en el sentido que es el encargado de transformar en calor, es decir, temperatura.

Las características de la radiación pueden ser diferentes en función de dos aspectos geográficos básicos; la latitud y la altitud, por lo que dependiendo donde este localizado el invernadero, si en el ecuador, en el trópico de cáncer o de capricornio o en los polos, será la cantidad de radiación que del sol esté recibiendo. Cabe destacar que en la actualidad, la mayor superficie dedicada a la producción de cultivos en invernadero se localiza en el trópico de capricornio.

Inicialmente se designaba la cubierta con un coeficiente de transitividad, que se refería a la cantidad de energía o radiación solar que el plástico dejaba pasar al interior del invernadero, un ejercicio muy fácil de realizar, se ejemplifica con esta figura.

Suponiendo que en una latitud de 19 grados norte; en un día soleado y despejado se reciben 1000 W m2 de radiación. Si se tiene una cubierta plástica con un coeficiente de transitividad del 80%, significa que de esos 1000 W m2 solo entran 800 W m2. De acuerdo con Baille y Medrano, un cultivo de tomate requiere aproximadamente entre 300 y 400 W m2 para fotosintetizar, por lo que de los 800 W m2 se quedan 400 W m2 en el cultivo; de ahí, pueden llegar al suelo entre 300 y 400 W m2. Si se tiene un suelo húmedo, se tendrá una refracción de la luz del 20%, es decir, que de esos 300 W m2 que llegaron al suelo, 60 W m2 se pueden usar para calentar el invernadero, y el resto (240 W m2) se pueden almacenar en el suelo para calentar el invernadero en la noche.

 

Consideraciones prácticas

Desde el punto de vista agronómico, el espectro de radiación que aporta características fisiológicas al cultivo y la acumulación de calor, serían los dos factores básicos a considerar de la cubierta — radiación fotosintéticamente activa para favorecer las fotosíntesis y el infrarrojo térmico para tener calor. Desde luego, lo interesante es mantener los niveles dentro de los adecuados para cada cultivo; esto ya es cuestión de manejo. Por ejemplo, seleccionado las densidades de siembra, en función de la latitud, podas, aclareos, etc. Asimismo, para el calor, si el control climático es de manera pasiva, el manejo implica un invernadero estanco para evitar inversión térmica en la noche, y ventanas para la renovación de aire fresco del exterior en específicos momentos del día cuando la radiación es máxima. Otras posibilidades son los acolchados en el piso y el color de la maceta; un color blanco permite que la radiación “rebote” y se distribuya por el invernadero.

En regiones más frías, existen otras variantes como el doble techo, es decir, doble capa de plástico, con lo cual se favorece una inercia térmica; o un acolchado negro, con lo cual también se ha observado una mejor temperatura. En regiones cálidas, se prefiere la malla sombra con diferentes aberturas. La cubierta porosa tiene la ventaja de ser más económica, y se evita la acumulación de calor al ser una pared porosa el intercambio de aire es constante y prácticamente se mantiene la temperatura exterior o un poco menor dependiendo de la densidad de hilos de la malla.

 

Otras propiedades de las cubiertas

Actualmente se han desarrollado plásticos con características que pueden favorecer o evitar aspectos específicos en el desarrollo de los cultivos. Por ejemplo, en regiones con alta humedad en el ambiente o donde se prefiere acondicionar el ambiente del invernaderos favoreciendo la transpiración del cultivo, en ocasiones la humedad se condensa en el plástico y esta comienza a gotear sobre el mismo cultivo, trayendo problemas sanitarios; ante esta situación es posible poner un techo más inclinado (superior a los 32 grados) o un plástico antigoteo. Existen plásticos difusos (no hacen sombra), cubiertas con propiedades ópticas que “desconciertan” a los insectos (antiinsectos), diferente transmisividad (paso de radiación), plásticos que ayudan a refrigerar (antitérmicos), a reducir la adherencia al polvo, etc. Así mismo las mallas porosas, pueden ser de colores, y con diferentes tamaños de poro, o de hilo y en consecuencia diferente tasa de ventilación, lo que implica también niveles de temperatura, humedad y dióxido de carbono.

Un aspecto importante y básico, independientemente del tipo de cubierta — es conveniente mantenerla limpia y estar “checando” la degradación del mismo. Se ha notado que una malla “sucia” de polvo, con solo 6 meses de uso, reduce la ventilación hasta en un 40 %. Asimismo, un plástico con una transitividad original del 0.8, con un uso de solo 6 meses puede reducir su transitividad hasta 0.6 o menos.

 

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