La décima edición del Monitoreo de Productividad y Calidad del Trigo en Córdoba, elaborado por la Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA) y el INTA Marcos Juárez, confirmó un hecho histórico: la campaña 2025/26 alcanzó la mayor producción de trigo jamás registrada en la provincia, impulsada por rindes excepcionales y una superficie sembrada que creció 37% respecto del promedio histórico.
Según el informe, se analizaron 223 muestras provenientes de 18 departamentos, representando 583.799 toneladas, equivalentes al 9,6% de la producción provincial. El documento destaca que “el rinde ponderado provincial alcanzó los 45,1 qq/ha., un 76% por encima del promedio histórico” y que la producción total se estimó en 6,1 millones de toneladas, con fuerte concentración en Unión, Marcos Juárez y San Justo.
Un año climático ideal que impulsó rindes récord
El ciclo estuvo marcado por un otoño con abundantes precipitaciones y perfiles bien recargados, lo que permitió una implantación óptima. Pese a un episodio de heladas intensas a fines de junio, el cultivo se recuperó gracias a lluvias superiores a lo normal durante el período crítico. El informe señala que “las lluvias se ubicaron en general por encima de lo normal… permitiendo que los perfiles conservaran elevada disponibilidad hídrica”, condición clave para los altos rendimientos.
La contracara: la calidad cayó a los niveles más bajos en una década
A pesar del volumen récord, la calidad comercial e industrial mostró un deterioro significativo. El conjunto provincial finalizó en Grado 2, condicionado por tres factores:
- Panza blanca: promedio provincial del 21,2%, el valor más alto en 10 años.
- Materias extrañas: 0,28%, aunque en descenso, sigue condicionando el grado.
- Peso hectolítrico: promedio de 78,92 kg/hl, dentro de Grado 2.
El punto más crítico fue la proteína, que cayó a 9,7%, el valor más bajo de la década. El informe remarca que “ningún departamento logró superar la base de comercialización del 11%”, lo que generó descuentos generalizados en las liquidaciones.
Esta caída impactó directamente en el gluten (21,3%) y en la fuerza panadera (W=210), ubicando a la campaña dentro de una calidad industrial regular, con masas tenaces y menor absorción de agua.














































