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Estados Unidos: cuando el riego deja de ser una herramienta y se convierte en una estrategia productiva

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3.000 kilómetros por el corazón agrícola de Estados Unidos dejaron una conclusión contundente: a medida que el agua se vuelve más limitada, el riego adquiere un papel cada vez más estratégico para producir, estabilizar rindes y reducir el riesgo.

Hay viajes que permiten conocer lugares. Y hay otros que obligan a volver a pensar algunas de las cosas que uno creía saber.

La Ruta del Maíz por Estados Unidos fue, en ese sentido, mucho más que un recorrido por campos de maíz, grandes máquinas, Farm Progress Show, universidades, feedlots y empresas. Fueron cerca de 3.000 kilómetros desde Chicago hasta el oeste de Nebraska, atravesando cuatro estados y diferentes ambientes productivos. Y hubo una variable que apareció una y otra vez a medida que avanzábamos hacia el oeste: el agua.

Porque una de las grandes diferencias que se observa durante el recorrido es cómo cambia el papel del riego a medida que cambia el ambiente. En el corazón del Corn Belt aparecen enormes superficies de maíz, con rendimientos muy elevados y una agricultura de altísima productividad. Pero a medida que avanzamos hacia regiones más secas, el paisaje comienza a cambiar y los pivotes se convierten en parte habitual del territorio.

No están allí como una tecnología complementaria. Son parte de la estrategia productiva.

Vista aérea de campos agrícolas con numerosos pivotes centrales de riego en Nebraska, Estados Unidos

El agua como parte de la planificación

Una de las principales enseñanzas del viaje fue comprender que en buena parte del oeste de Estados Unidos, con 38.6 millones de ha de maíz sembradas y 11.3 tn/ha de expectativa de rinde promedio, el productor no piensa el riego solamente como una herramienta para solucionar un déficit hídrico, con la experiencia de 180 años en riego gravitacional y casi 80 desde que se inventó el pivote, hace que lo incorpore desde el comienzo de la planificación y cuando forma parte de la planificación, el productor no espera a que el cultivo esté sufriendo para decidir qué hacer.  Decide antes, Y esa capacidad de anticipación es probablemente uno de los mayores valores que aporta el riego.

Del «regar para producir más» a «regar para decidir»

Durante mucho tiempo, en Argentina el debate sobre el riego estuvo asociado fundamentalmente a una pregunta: ¿Cuánto más puedo producir si riego?

El recorrido por Estados Unidos que sembró también 34.6 millones de ha de soja y expectativas de rinde promedio de , permite plantear una pregunta diferente: ¿Cuánto riesgo puedo reducir si tengo capacidad de manejar el agua?

La diferencia es sustancial. Un sistema de riego no necesariamente tiene como objetivo reemplazar a la lluvia. De hecho, en muchos de los ambientes recorridos ocurre exactamente lo contrario. La lluvia sigue siendo la principal fuente de agua, el riego no compite con la lluvia; la aprovecha y la complementa.

Esta idea resulta especialmente importante para Argentina, donde muchas veces se analiza la conveniencia de regar exclusivamente a partir del rendimiento promedio esperado. Pero el verdadero valor del riego también está en otra variable mucho menos visible: la estabilidad.

Nebraska: cuando el pivote se convierte en infraestructura productiva

A medida que la Ruta del Maíz avanzó hacia Nebraska, el protagonismo del riego se hizo cada vez mayor. Los pivotes aparecen integrados al paisaje productivo y muestran una característica que merece especial atención: no se trata simplemente de máquinas instaladas sobre un lote. Detrás de cada equipo existe una infraestructura completa. Perforaciones, bombas, energía, tuberías, sistemas de aplicación, mantenimiento, caminos, planificación y conocimiento técnico. El pivote es solamente la parte visible de un sistema mucho más grande.

Y allí aparece una enseñanza importante para Argentina. Cuando hablamos de incorporar riego, muchas veces ponemos el foco casi exclusivamente en el equipo. Pero la verdadera inversión es el sistema de riego.

El riego también necesita eficiencia

Otra observación importante del recorrido fue que el desafío no termina cuando se instala un pivote.  En Estados Unidos, donde el riego tiene décadas de desarrollo, la discusión está cada vez más vinculada con la eficiencia.  La tecnología permite avanzar desde un riego basado en una rutina hacia un riego basado en información. Sensores, agricultura de precisión, imágenes, modelos de demanda y herramientas digitales comienzan a integrarse con los sistemas de riego. El objetivo final es sencillo de expresar, aunque complejo de conseguir: poner el agua donde hace falta, cuando hace falta y en la cantidad necesaria.

Una diferencia importante con Argentina

El viaje también permitió comprobar que la tecnología agrícola estadounidense no está tan lejos de la argentina como muchas veces imaginamos. Pivotes, sensores, agricultura de precisión, maquinaria, genética y herramientas digitales tienen presencia creciente también en nuestro país.

Equipos agrícolas autónomos observados en Estados Unidos para aplicación de líquidos y uso de agua o efluentes en riego
Recorrido agrícola por Estados Unidos con sistemas de riego, cultivos y tecnología vinculada a la producción de maíz

En las imágenes se ven dos quipos autónomos que pueden aplicar líquidos (fitosanitarios y fertilizantes) y efluentes o agua para riego en el otro caso.

La gran diferencia muchas veces no está en la tecnología disponible. Está en el contexto.

Infraestructura, financiamiento, energía, caminos, almacenamiento y previsibilidad permiten que el productor estadounidense planifique inversiones de largo plazo. Y el riego necesita precisamente eso. No es una inversión que se pueda analizar solamente pensando en una campaña.

¿Qué podemos aprender?

La Ruta del Maíz no deja como conclusión que Argentina deba copiar a Estados Unidos. Las condiciones productivas, económicas, climáticas y sociales son diferentes. Pero sí permite identificar algunas ideas que pueden ser muy útiles. La primera es que el riego debe dejar de pensarse solamente como una herramienta para aumentar el rendimiento. Es una herramienta para administrar el riesgo.

La segunda es que el valor del agua no está solamente en cuántos milímetros podemos aplicar. Está en cuándo podemos aplicarlos.

Y la tercera es quizás la más importante: el futuro del riego no será solamente instalar más equipos. Será aprender a manejar mejor cada milímetro disponible.

Estados Unidos muestra un camino donde el riego, la agricultura de precisión, los sensores, la genética y la información empiezan a integrarse en una misma estrategia productiva. Argentina tiene agua, productores capacitados, tecnología y conocimiento para avanzar en esa dirección.  La pregunta ya no debería ser solamente cuánto podemos producir con riego. Quizás deberíamos empezar a preguntarnos:

¿cuánto más seguros podemos hacer nuestros sistemas productivos cuando tenemos capacidad para decidir sobre el agua?

Después de 3.000 kilómetros por la Ruta del Maíz, esa es una de las preguntas que vale la pena traer de regreso.

Fuente: regantes.com.ar

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