Los ensayos realizados en distintas regiones argentinas muestran cómo responde el maíz a diferentes estrategias de fertilización bajo riego y por qué el diagnóstico del suelo, el ajuste de las dosis y el seguimiento del cultivo son claves para aprovechar su potencial productivo.
El riego amplía el potencial productivo del maíz
Ante el inicio de una nueva campaña de maíz bajo riego, es oportuno revisar una de las decisiones que más influyen en el resultado del cultivo: cómo acompañar la mejor provisión de agua a través del riego con una nutrición adecuada. Disponer de agua no garantiza, por sí solo, que el cultivo exprese su potencial. Para transformar esa ventaja en producción de grano, la disponibilidad de nutrientes principalmente Nitrógeno, debe acompañar la demanda durante el ciclo.
Por eso, la nutrición debe formar parte de la planificación, junto con la elección del híbrido, la fecha y densidad de siembra, el manejo del agua y el rendimiento objetivo. No alcanza con definir cuánto regar: también hay que estimar qué oferta de nutrientes permitirá aprovechar la disponibilidad hídrica.
Nitrógeno: construir el rendimiento desde el diagnóstico
El nitrógeno es uno de los nutrientes que con mayor frecuencia limita la producción de maíz en la región pampeana. Su manejo adquiere especial importancia cuando el riego permite aspirar a rendimientos elevados. La dosis no se define solamente a partir de la meta de rendimiento. También hay que considerar el nitrógeno disponible en el suelo, el aporte potencial de la mineralización, los nutrientes suministrados mediante fertilizantes y las características del ambiente productivo.

El momento de aplicación también importa. El fraccionamiento puede facilitar la sincronización entre la oferta de nitrógeno y la demanda del cultivo, aunque dependa de la fuente, las condiciones climáticas, el sistema de riego y los costos operativos.
Una condición de partida: que el fósforo y otros nutrientes no sean limitantes
Pero antes de analizar la respuesta al nitrógeno, es fundamental conocer la disponibilidad de fósforo y de otros macro y micronutrientes. Esto no significa aplicar todos los nutrientes de manera preventiva e indiscriminada, sino diagnosticar, corregir las limitaciones identificadas y construir una estrategia balanceada.
Qué muestran algunas experiencias en algunas regiones de Argentina
Existen ensayos realizados en diferentes ambientes y en diferentes años que permiten comprender dos aspectos fundamentales: la magnitud de la respuesta a la fertilización y la importancia de ajustar la estrategia a las condiciones del cultivo.
Caso 1. Manfredi: una respuesta significativa a la fertilización nitrogenada
En la campaña 2015/16, un ensayo de INTA Manfredi comparó un testigo sin fertilización nitrogenada con tres estrategias en un cultivo sin limitaciones hídricas.
- Testigo sin aporte de nitrógeno: 13.500 kg/ha.
- 170 kg N/ha, con fertilizante líquido: 17.219 kg/ha.
- 170 kg N/ha, con una aplicación líquida y otra sólida: 17.131 kg/ha.
- 120 kg N/ha, con fertilizante sólido compuesto: 16.104 kg/ha.

Los tres tratamientos fertilizados superaron al testigo. En este ensayo no se observaron diferencias estadísticamente significativas entre los tratamientos fertilizados.
El fertilizante sólido compuesto también aportó fósforo, potasio, azufre, boro y zinc. Por eso, el ensayo no permite atribuir todas las diferencias exclusivamente al nitrógeno.
Caso 2. Coronel Suárez: el potencial de respuesta a una estrategia nutricional
Durante la campaña 2024/25, un ensayo de la red de Bunge realizado en Coronel Suárez, Buenos Aires, evaluó distintas estrategias de fertilización con nitrógeno y azufre, con y sin inhibidor de la nitrificación y complemento biológico, en maíz bajo riego.
Se obtuvo una diferencias de rendimiento entre el testigo sin fertilización adicional y la estrategia nutricional combinada de 4.293 kg/ha.

La respuesta evidencia que existe margen para mejorar la nutrición en determinados ambientes. Sin embargo, como se evaluaron combinaciones de fuentes y tratamientos, la diferencia no puede atribuirse exclusivamente a un nutriente o a un producto.
Caso 3. Balcarce: la respuesta al nitrógeno cambia según el ambiente
Las experiencias realizadas en Balcarce durante dos campañas compararon fuentes y momentos de aplicación de nitrógeno en maíz bajo riego y en secano. Los resultados mostraron que la respuesta a la fertilización nitrogenada puede ser importante en sistemas regados, aunque su magnitud varía entre campañas.
En uno de los ejemplos informados, el maíz fertilizado en secano rindió 12.900 kg/ha; el testigo bajo riego (sin Nitrógeno), 15.800 kg/ha; y el tratamiento fertilizado bajo riego alcanzó hasta 19.100 kg/ha, con una respuesta media de 2.500 kg/ha en las experiencias bajo riego.

El rendimiento depende de la interacción entre la disponibilidad de nitrógeno, el agua y las demás condiciones que determinan el crecimiento del cultivo. Por eso, no conviene trasladar una dosis de un ambiente a otro sin considerar el diagnóstico del lote y el objetivo productivo.
Como fue la respuesta en goteo subterráneo?
En un ensayo de INTA Manfredi con goteo subterráneo se compararon dos estrategias. La primera utilizó dos aplicaciones, con una dosis total de 200 kg N/ha, la segunda incorporó otros nutrientes y distribuyó las aplicaciones en seis momentos, con 228 kg N/ha, y No se observaron diferencias significativas de rendimiento entre los tratamientos.

Este resultado no demuestra que el agregado de otros nutrientes carezca de valor. Indica que su conveniencia depende de las limitaciones nutricionales del lote, la demanda durante el ciclo, la eficiencia de aplicación y el costo adicional de la estrategia.
La estrategia nutricional debe acompañar el potencial del riego
Las experiencias analizadas demuestran que una nutrición adecuada puede contribuir a expresar el potencial productivo del maíz bajo riego, pero también que la respuesta depende del ambiente, la oferta de nutrientes y la estrategia utilizada.
El punto de partida es un diagnóstico de suelo; luego, la definición de una dosis acorde con el rendimiento objetivo y el seguimiento del cultivo permiten ajustar las decisiones. El desafío no es aplicar más fertilizante por el solo hecho de regar, sino asegurar que los nutrientes no limiten la producción que el agua hace posible.
En Regantes, ofrecemos un análisis integral de estos componentes para definir una estrategia nutricional adecuada, considerando tanto su viabilidad técnica y económica como la respuesta productiva esperada que permita justificar la inversión.
En la próxima publicación abordaremos esta dimensión económica y pondremos a disposición de los lectores nuestra calculadora de fertilización en maíz bajo riego, una herramienta interactiva que permitirá a cada productor evaluar y comparar distintas alternativas de manejo a partir de sus propios datos y costos.
Fuente: regantes.com.ar
Más agua, más maíz… ¿pero cuánto nitrógeno necesita el cultivo? – Regantes














































