Referentes de toda la cadena analizaron el presente y el futuro del trigo argentino. Fernando Rivara (Federación de Acopiadores), Maximiliano Moreno (INAI), Diego Cifarelli (FAIM), Facundo Fontán y Dominic Ovejero (Bunge) debatieron sobre competitividad, calidad, mercados y las oportunidades en un mundo complejo.
La competitividad fue el concepto que atravesó de punta a punta uno de los primeros paneles de A Todo Trigo 2026, el congreso organizado por la Federación de Acopiadores que se realiza el 14 y 15 de mayo en Mar del Plata. Desde la producción hasta la exportación y la molinería, todos coincidieron en un diagnóstico: Argentina tiene una enorme oportunidad en el mercado mundial, pero necesita previsibilidad política, reglas claras y una estrategia sostenida para capitalizarla.
Maximiliano Moreno, del Instituto para las Negociaciones Agrícolas Internacionales (INAI), puso en contexto el escenario internacional con un dato fuerte: mientras la mayoría de los países subsidia a su agroindustria, Argentina sigue compitiendo con subsidios negativos. “El promedio mundial de apoyo al agro es del 9%; en la OCDE supera el 13%; mientras que Argentina está en -11,9%”, explicó. Aun así, destacó la mejora respecto de años anteriores, cuando ese indicador había llegado al -30%.
Moreno también señaló la inserción comercial limitada del país: mientras los principales competidores cuentan con acuerdos equivalentes al 40-60% del PBI mundial, Argentina apenas alcanza entre el 6% y el 8%. Sin embargo, el país mantiene un lugar destacado: “Argentina es el décimo exportador mundial y el tercer exportador neto de trigo”.
El especialista advirtió que el mundo que viene será más inestable y proteccionista. Las tensiones geopolíticas, la guerra comercial entre China y Estados Unidos y la búsqueda de abastecimiento seguro están modificando las reglas del comercio global. “El 45% de los subsidios agrícolas del mundo los explica China”, señaló. En ese contexto, las oportunidades para Argentina estarán ligadas a su capacidad de mostrarse como proveedor confiable y competitivo.
El sector exportador, por su parte, puso a la calidad y la proteína en el centro de la escena. Facundo Fontán (Bunge) sostuvo que Argentina viene recuperando competitividad y ganando mercados. “Estamos abriendo nuevos negocios y el mensaje tiene que ser claro: la proteína vale”, afirmó. Durante la última campaña el país logró exportaciones récord y consolidó presencia en el sudeste asiático —especialmente Vietnam e Indonesia— además de Brasil y África. La demanda internacional ya está premiando la calidad: Brasil llegó a pagar primas de entre 20 y 30 dólares por tonelada para trigo con mejor proteína.
Dominic Ovejero, de Bunge, se mostró optimista y señaló que las perspectivas hacia adelante se muestran favorables gracias a los últimos reportes como el del USDA. “Australia pasaría de cosechas cercanas a 35 millones de toneladas a niveles de entre 25 y 27 millones, y Brasil necesitaría importar más trigo argentino. Hoy ya no hablamos de un mercado sobrante de trigo”, se remarcó en el panel.
El reclamo de la molinería y el pedido de previsibilidad de los acopiadores
Diego Cifarelli, presidente de la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM), puso sobre la mesa la necesidad de fortalecer el mercado interno. “La producción argentina necesita una molinería fuerte. Y esto no es corporativo, es estratégico”, afirmó. La cadena del trigo genera empleo para más de 400.000 personas y representa cerca del 2,8% del empleo nacional. La industria tiene capacidad instalada para moler hasta 13 millones de toneladas anuales, pero actualmente trabaja entre 6,5 y 7 millones. “El problema es la competitividad que todavía le falta al país”, señaló. Cifarelli también alertó sobre el alto nivel de informalidad y evasión dentro de la cadena, con un impacto económico de unos 400 millones de dólares anuales.
Fernando Rivara, presidente de la Federación de Acopiadores, insistió en la necesidad de establecer estándares permanentes de calidad. “Si la proteína se bonifica, tiene que bonificarse siempre, no solamente cuando falta trigo”, planteó. El reclamo fue compartido por todos los participantes: construir mercados estables exige sostener reglas claras tanto en años de abundancia como de escasez.
Pese a las dificultades estructurales, el tono del panel estuvo lejos del pesimismo. La combinación de menor oferta internacional, crecimiento de la demanda en Medio Oriente, África y el sudeste asiático, y una búsqueda creciente de proveedores confiables abre una oportunidad concreta para Argentina. Pero el mensaje final de toda la cadena fue coincidente: para aprovecharla harán falta competitividad, continuidad y previsibilidad.
El programa completo puede consultarse en www.atodotrigo.com.ar












































